El Aloe, una planta realmente milagrosa
Desde tiempos remotos, civilizaciones milenarias como los egipcios, los griegos y los romanos utilizaban áloe para aliviar problemas de salud.
Con el tiempo, el uso de esta planta, originaria de África, se extendió a China, India, Japón, Europa y América poco después del descubrimiento. Por eso si tiene una planta en casa podrá usarla para aliviar heridas, que maduras, llagas y también dolores reumáticos.
El cuidado de esta planta milagrosa, el aloe puede pasar largas temporadas sin agua, sobre todo en invierno. No es conveniente moverla demasiado, porque las hojas deben estar firmes y cualquier movimiento brusco puede causar quemaduras y roturas.
El suelo debe ser arenoso y con buen drenaje. Colóquelas en un lugar con buena luz, pero nunca con sol directo. Es más, en la sombra crecerán rápidamente y con mejor color. Por eso, no dude en ponerlas cerca de la pared. Mantenga la tierra limpia para favorecer el crecimiento de los retoños.
La mejor época para el trasplante es durante el otoño. Una vez que esté en la tierra nueva deje sin regar durante 20 días para forzar las raíces a buscar agua.
A pesar de que proviene de climas desérticos, el áloe es una planta sensible. Por eso, esté alerta a algunos síntomas: cuando las hojas están delgadas y enruladas, significa que tienen poca agua y están absorbiendo su propio líquido. En cambio si están marrones quiere decir que están recibiendo demasiado sol. La tierra negra con mantillo también puede perjudicarla.
El áloe tiene varias formas de aplicación. La más conocida es el gel que se encuentra en el interior de la hoja. Para obtenerlo, elija una que no haya recibido agua durante cinco días antes y realice el corte a la noche o a la mañana temprano. Se emplea en forma directa sobre la zona afectada.
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