Bicarbonatadas: actúan sobre el metabolismo general y son diuréticas. En ayunas, combaten la acidez gástrica. Entre comidas, facilitan la digestión y estimulan la secreción
pancreática.
Cloruradas: pueden ser poco mineralizadas y termales o muy mineralizadas y frías. Se
aplican en duchas e irrigaciones para aumentar las defensas de piel y mucosas. Son
antiinflamatorias.
Ferruginosas: su acción es específica sobre enfermedades de la sangre. Se consideran
reconstituyentes, por lo que se recomiendan en anemias, obesidad, trastornos de desarrollo de la infancia.
Sulfurosas: este tipo de agua se utiliza sobre todo para tratar enfermedades de las vías
respiratorias, procesos reumáticos y postoperatorios del aparato locomotor
Sulfatadas: actúan como purgantes, por lo que son aguas ideales en caso de estreñimiento, sin producir efectos secundarios.
Radiactivas: son sedantes y analgésicas y se usan para el estrés, ansiedad, depresión y,
en general, la mejora del sistema nervioso.


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