Lo ideal es comenzar a partir de los seis años y prolongar las prácticas, sin interrupciones, a lo largo de la vida.
Sin embargo, por sus múltiples virtudes, parece una disciplina especialmente pensada para las personas mayores.
Si por algún motivo, no se pueden realizar todas las posturas cotidianamente, lo mejor es hacer algunas, aunque sólo se trate de los ejercicios de relajación, para no perder la costumbre.
Las principales ventajas son físicas y espirituales: ayuda a mejorar problemas de columna, alivia las contracturas, calma los nervios y el estrés, combate la artrosis, el prolapso, por medio de posturas invertidas que hacen que los órganos vuelvan a su lugar y elimina dolores intensos de cabeza y jaquecas, porque como la respiración es diafragmática, al exhalar se consigue aflojar todo el cuerpo.
También el yoga permite encontrarse con uno mismo, y esto se logra a través de la meditación.
A veces, se puede quedaren silencio, escuchando música suave y respirando profundamente con toda la capacidad pulmonar y no sólo con la tercera parte y este estado especial de quietud tranquiliza tanto el cuerpo como la mente.
El yoga busca la armonía entre el cuerpo, la mente y el espíritu y lo logra tanto a través de la realización de determinadas posturas, como a través de algunas prácticas de relajación.
De esta manera, se genera un control sobre el propio cuerpo que permite controlar el peso, seguir una dieta sin problemas y mantenerse joven por más tiempo.
En las personas que padecen enfermedades cardíacas, la respiración profunda ayuda a evitar los ataques repentinos.
Por otra parte, los ejercicios del yoga ayudan a mantenerse en forma, atenuando las arrugas y conservando, a su vez, una figura esbelta y joven.


Belleza