La depresión —conviene aclararlo— es algo más que un bajón que se manifiesta de vez en cuando. Los expertos la definen como un síndrome psico-patológico que afecta a la conciencia y se manifiesta con un abanico de síntomas anímicos, físicos y hasta orgánicos. Las hay de distinto tipo: la reactiva, desencadenada por un elemento externo que provoca una ruptura en la vida de la persona, como la muerte de un familiar, el divorcio y el parto; o por una enfermedad o dependencia al alcohol, las drogas y algunos medicamentos. Más allá de las deciones, recordemos cuáles son las señales de alerta que caracterizan a una persona deprimida:
Sentimientos negativos que se plantean respecto a la vida, al futuro y a uno mismo. Mucha culpa y autorreproche.
Pérdida de interés en las cosas e incapacidad para disfrutarlas.
Falta de concentración al realizar cualquier tarea. Tristeza, insatisfacción y problemas con el sueño. Agitación o, contrariamente, profundo abatimiento. Alteraciones en relación con la comida, mucho hambre o falta total de apetito. Dolores de cabeza y de espalda y opresión localizada en el pecho. Si no se la toma a tiempo, la depresión puede ser peligrosa. Por eso y, ante la menor duda, consulte al médico y ponga en práctica este plan antidepresión: Acostúmbrese a disfrutar de las pequeñas cosas que nos brinda la vida y, aunque suene a remanido, es una gran verdad.
Dedique más tiempo al ocio o bien retomar un hobby abandonado recrea la mente y distiende.
El deporte es un antidepresivo por excelencia. Practique gimnasia, salga a andar en bicicleta y camine al aire libre todo el tiempo que pueda.
Por último, conocer nuestros propios límites y aceptarlos como parte de nuestra personalidad es bueno y casi imprescindible para no deprimirnos cuando algo no sale como esperábamos. Nadie es perfecto y todos tenemos valores para destacar, concéntrese en ellos y notara las diferencias.
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