Muy utilizado en la gastronomía mediterránea, el ajo reduce la capacidad de oxidación de los radicales libres.
Reacción que acelera enormemente el proceso de envejecimiento celular. Además disminuye la tensión arterial sistólica y diastólica, hace descender los niveles de colesterol y produce una dilatación de los vasos sanguíneos periféricos. Es un complemento ideal en los tratamientos que siguen las personas diabéticas porque diminuye los niveles de glucosa en sangre. Respecto al sistema inmunológico del organismo, el ajo puede frenar el crecimiento y el desarrollo de las células cancerígenas y estimula las defensas contra los gérmenes que provocan la gripe y los parásitos intestinales.
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