Es muy lógico que nos preocupemos por nuestro aspecto físico. Es casi un requerimiento social y además, siempre es mucho más agradable compartir belleza que fealdad. En el momento en que esta preocupación se desborda y agrede a nuestro comportamiento de conducta, es cuando la preocupación se transforma en obsesión y ésto ya no es bueno. Dicho en otras palabras, en el momento en que la estética pasa por encima de conductas más básicas y se vive casi únicamente pendiente de ella, es cuando el/la paciente debe replantearse seriamente su situación. Los que no somos Venus ni Adonis precisamente, debemos buscar en otros aspectos de nuestra conducta, hacer la vida agradable a quien tenemos a nuestro lado. Pretender ser una SchifTer o un Gere quien no es más que una Díaz o un López, por ejemplo, además de ser un absurdo es hacer un constante ridículo.
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