Fuente indiscutible de calcio, los lácteos son imprescindibles en la infancía y muy necesarios durante el resto de la vida. Además, aportan a la dieta glúcidos, grasas, vitaminas A, D y B2, y minerales como fósforo y potasio. Según las edades, las porciones varían. Por ejemplo y puesto que el calcio es importantísimo en los períódos de la vida donde hay un crecimiento y desarrollo pronunciado, niños y adolescentes deberían consumir 4 vasos de leche, yogur o leche cultivada o bien 2 vasos de leche, yogur o leche cultivada y 1 porción de queso preferentemente del tipo compacto. En tanto, las embarazadas y madres que amamantan tienen que incluir en sus dietas un mínimo de 6 vasos de leche, yogur o leche cultivada o bien 3 vasos de lo anterior, sumado a 2 porciones de queso. Sobre los quesos, precisamente, conviene detenerse un momento. No todos son iguales y según el contenido de agua se pueden clasificar así: Blandos o frescos: son los untables, tanto los descremados como los cremosos, y los blandos, qué pueden ser compactos ricos en proteínas y grasas, como el brie ó el camembért, o bien compactos pero magros, como por ejemplo la mozzarella descremada. Semiduros: incluye esta categoría el cheddar, fontina y gruyere, también a los magros como el edam magro y el tilsit magro y a los modificados, que son semiduros sin sal.
Duros: constituyen los de mayor contenido de calcio, sal y grasas, tales como el parmesano, provolone y reggianito.
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