El ajo es una planta aromática cuyas propiedades medicinales son conocidas hace miles de años. La ciencia actual ha ratificado sus virtudes para combatir algunas enfermedades, por lo que su consumo —siempre moderado— se recomienda, sobre todo para mejorar la circulación. Los efectos comprobados del ajo son: Vasodilatador. Sobre todo, dilata tas vasos sanguíneos periféricos, lo que lo hace útil en la prevención de trastornos, como mala circulación de las piernas. Hipotensor. Combate la hipertensión arterial, pero no debe ser más que una ayuda, incluyéndolo en las comidas diarias, para condimento. Prefiéralo crudo, y utilícelo fresco para que sea eficaz. Antiateromatoso. Previene y combate la formación de placas arteriales llamadas ateromas, que causan la arterieesclerosis. Los efectos aumentan cuando se usan dientes de ajo que llevan largo tiempo recolectados. También, se ha confirmado la acción del ajo sobre el tono y el peristaltismo (movimientos) intestinal. En pequeñas dosis, actúa como tónico, que puede beneficiar a personas mayores. Grandes cantidades actúan de manera opuesta, inhibiendo esos movimientos.
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