Llega el verano, ¿cómo afecta el calor a nuestro cuerpo?

Cómo nos afecta el calor

Noches largas, apatía, nerviosismo, desgano, somnolencia son algunos de los ejemplos de la consecuencia del desequilibrio del mecanismo interno regulatorio de la temperatura corporal. Es muy común que el calor produzca en el ser humano un estímulo suficiente para generar aquella gota que colma el vaso favoreciendo la aparición de la agresividad.

El calor y su efecto sobre la agresividad

Con las altas temperaturas los nervios de las personas se encuentran a flor de piel y esto se expresa en la cantidad de delitos o suicidios que aumentan su número sorprendentemente en los meses estivales.

Sin embargo, esto último no es una cuestión determinante. El calor en sí no es causa de agresividad en las personas. Con esto se quiere decir que nadie va a agredir, a cometer un delito o a tornarse violento a causa del calor. Pero sí puede ser un desencadenante y un estímulo suficiente para el cambio de actitud en ciertas personas sensibles.

Se ha visto, por ejemplo, que el número de internaciones en la población psiquiátrica aumenta durante los meses de verano, embebido en un halo de factores biológicos e implicancias sociales que gatillan la descompensación psíquica de los pacientes.

Calor, sinónimo de apatía, desgano, insomnio y pereza

Cuando hace calor el cuerpo reacciona vasodilatando las arterias y con esto se logra que el calibre de los vasos aumente. Ello conlleva a una disminución en la presión arterial sistémica y del flujo sanguíneo causando una menor irrigación de los músculos esqueléticos.

Por tal motivo, a todos nos cuesta más esfuerzo realizar movimientos y nos sumimos en un estado de somnolencia y pereza prolongada.

Además, el cuerpo humano al censar el calor a través de receptores especiales en la piel, responde con la transpiración y pérdida de líquido a través de los poros dérmicos. Esto conlleva a una pérdida no sólo de las reservas de agua del organismo sino también de electrolitos, especialmente sodio y potasio.

Se ha visto que durante las noches de verano la gente tiende a pasar más tiempo en la calle y tiende a retrasar el tiempo de ir la cama. Se sabe que conciliar el sueño durante una noche calurosa es mucho más difícil que conciliarlo en una noche fría.

Se piensa que esto se debe a que las altas temperaturas estimulan la secreción de hormonas suprarrenales tales como el cortisol.

Las personas durante la noche suelen despertarse. Esto sucede porque durante el sueño los sistemas de termorregulación pierden eficacia y por lo tanto se transpira menos. Siendo la transpiración un método primordial para evitar el sobrecalentamiento del cuerpo, la persona se despierta involuntariamente con el fin de corregir la temperatura corporal.

Sin embargo, esto no quiere decir que las personas que vivan en climas calurosos tengan un mal sueño.

Morir de calor

La expresión morir de calor es muy común durante los días de verano. Sin embargo, es muy difícil alcanzar el nivel de desfallecimiento a causa del calor, con la excepción de ciertos casos como en la existencia de enfermedad de base o bien en el abuso de actividad física extenuante.

El cuerpo humano se encuentra preparado para soportar temperaturas de hasta 70°.

De todos modos en situaciones extremas el cuerpo humano puede resistir, por lo menos un tiempo. Esto va a depender de la temperatura ambiente y la humedad.

En un clima con temperaturas muy altas pero de escasa humedad ambiente, el cuerpo puede transpirar y ante el contacto con el aire la evaporación de esa transpiración permite el escape de calor corporal.

En cambio, en un clima donde la temperatura es alta y la humedad también lo es, la posibilidad de transpirar y de que el agua se evapore es nula. Se impide así que el cuerpo pueda perder calor, elevando los riesgos para la salud.

Además tenemos que tener en cuenta que la termorregulación en niños y ancianos no funcionan de manera óptima. El primero por no estar lo suficientemente maduro, y el segundo a causa del envejecimiento fisiológico.

En estas situaciones del cuerpo puede alcanzar temperaturas de hasta más de 41° y aun así el cuerpo no puede responder eficientemente para disminuir la temperatura. Esto es lo que se conoce como golpe de calor.

Golpe de calor

Cuando la temperatura corporal supera la franja entre los 41 °C y los 42 °C, abre la posibilidad a un golpe de calor. Es decir a una elevación de la temperatura corporal fuera de control causada por el colapso del sistema termo regulador.

Estas situaciones suelen suceder en periodos de tiempo cuando por más de 48 horas existe una temperatura ambiental mayor a 32 °C con una humedad superior al 50%.

Esta situación va a perjudicar mayormente a niños y ancianos. Ya que sus sistemas termo reguladores no son eficientes, se dificulta la transpiración y una correcta circulación sanguínea. Sobrevienen así los síntomas a saber, delirio, vertido generalizado, pérdida de conocimiento, entre otros.

También puede sobrevenir el desvanecimiento un colapso causado principalmente por la falta de adaptación del sistema cardiovascular, la deshidratación, el desequilibrio electrolítico. Los signos y síntomas que padecen son cefalea, sudoración y leve aumento de la temperatura.

Para evitar todas estas situaciones debemos procurar mantener el cuerpo hidratado correctamente, evitar la exposición solar, garantizar la existencia de una corriente de aire y una ventilación efectiva. Debemos evitar también la exposición agua muy fría luego de un baño de sol ya que esta situación puede conllevar a un síncope. Esto último se genera por la vasoconstricción repentina que sufren los vasos sanguíneos dilatados ante el contacto con el agua fría. También se deberían evitar las bebidas Frías, ya que la sensación de ser suele desaparecer luego de la ingesta de agua fría. Esto conlleva a una menor hidratación que no compensa la pérdida de agua por transpiración.

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